¿Acaso quería saberlo?
¡Pues, claro que no!
Era una pregunta de aquellas que se hacen sin esperar respuesta.
Lo malo, lo auténticamente perverso, fue la respuesta; llegó como un tiro a bocajarro, desgarradora y cruel, traicionera…
Era ya demasiado tarde para pensar ¿por qué lo habré preguntado?
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Este artículo se publicó el Miércoles, 06 de Abril de 2005 a las 20:18.
mis neuras.
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