La metamorfosis (Ícaro)
Original de: Ovidio
Cuando hubo dado el último retoque a su obra, el artesano balanceó su propio cuerno con ambas alas y, agitándolas, se suspendió en el aire; aleccionó también a su hijo diciéndole:
«Te advierto, Ícaro, que debes volar a media altura, para evitar que las olas recarguen tus alas si vas demasiado bajo, y que el calor las queme si demasiado alto; vuela entre mar y cielo. Te aconsejo que no mires al Boyero ni a la Hélice ni tampoco a la espada desnuda de Orión; ¡vuela detrás de mí!».
Mientras le da instrucciones de cómo debe volar, le acomoda las extrañas alas sobre los hombros. Durante la operación y las advertencias se humedecieron las mejillas del anciano y temblaron sus manos de padre; dio a su hijo besos que no volvería a dar, y elevándose con sus alas vuela delante, inquieto por su acompañante, como el ave que desde el encumbrado nido ha lanzado a los aires a su polluelo, y le alienta a seguirle y le instruye en el pernicioso arte y agita él mismo sus alas y se vuelve a mirar las de su hijo.
Algún pescador cuando capturaba peces con temblorosa caña, algún pastor apoyado en su báculo, o algún labrador en la estepa, los vio y se quedaron atónitos, y creyeron que eran dioses, puesto que podían surcar los cielos.
Artículos relacionados
Este artículo se publicó el Jueves, 06 de Abril de 2006 a las 18:33.
fragmentos.
|
literatura, prosa.
Puedes seguir las respuestas a traves de RSS 2.0 feed.
Puedes comentar el artículo
También puedes hacer un trackback desde tu propia página.


18:33 |
Publicado por 











