Os trancribo un comentario que me ha llegado a través de los enlaces del Directorio. El mensaje en concreto, está dando respuesta a un apunte hecho por un viajero al respecto de una Agencia de Viajes.

De antemano os diré que estoy casi al 100% en favor de Unai porque, como profesional, alguna vez he tenido que sufrir críticas (y personajes) similares a los que describe.

Por supuesto que cada cual tiene el derecho de expresar su opinión, incluso de quejarse si el servicio no es correcto, pero hay individuos que, en lugar de viajar para disfrutar, parece que viajen para sufrir y quejarse… Nunca los entenderé.

Bueno, ahí va el mensaje de Unai:

“Permítanme que me presente.

Soy Unai, el supuesto incompetente y pasota tour-leader de Marco Polo, según palabras del señor Javier Figueroa. La verdad es que nunca me había encontrado en una situación similar, teniendo que escribir en un foro de Internet y mucho menos para desmentir calumnias sobre mi persona. Gracias de antemano a uno de los integrantes del viaje Rajastán-Benarés-Kathmandú que me ha hecho saber lo que se estaba cocinando en Internet.

Veamos, no sé muy bien cómo empezar porque realmente no salgo de mi asombro al leer semejantes barbaridades. Antes de empezar a desmentirlas una a una y a hacer una radiografía del criticón, quiero hacer saber que varios de los viajeros me dijeron en el aeropuerto de Frankfurt, ya de vuelta, que si tuviese cualquier problema con Figueroa (porque también ellos preveían lo que iba a hacer) no dudase en dar sus referencias a la agencia. Muchas gracias a ellos también, especialmente por llamar a Marco Polo Bilbao después de que este sujeto me pusiese a parir.

Antes de nada decir que ésta persona no estropeó el viaje a nadie, sólo un poco a mi con sus simplezas y chistes baratos de mercadillo –repetitivos a más no poder-, así que nadie se piense que por viajar en grupo, y que te toque un desagradable, el viaje se va a estropear, porque no es así.

En nuestro caso el grupo estuvo unido y aquel que quiera ir más por su cuenta es libre de hacerlo, faltaría más. Además uno aprende enseguida quienes son las personas positivas y que se hacen a todo (no significando esto que se hagan a incumplimientos, porque el programa salió a la perfección, a excepción de retrasos en vuelos y en trenes, lógico en India, y guías locales que le echan cara; sí esto es cierto, pero esto es independiente de la agencia con la que se viaje)

Vamos a empezar con el tema toallas, que la verdad hay que ser banal para andar contando esto por ahí.
Esto sucede en el hotel Everest de Katmandú. Al bajar de la habitación después del check-in me encuentro con el grupo en el lobby del hotel para ir a cenar. Entonces Figueroa me hace saber, en tono alarmista, que no sólo ellos no tienen toallas de mano en el baño, sino que le faltan a más gente, y que hay que poner una queja formal (sic). Y que conste que estas son palabras textuales, que, por si me falla la memoria, todas las noches tomaba notas de lo acontecido durante la jornada y de las numerosas quejas de Javier también. Pues bien, como ya a esas alturas uno no estaba para aguantar más a este pesado, pregunté a todos los del grupo (formulé la pregunta 5 veces) si querían poner una queja formal, a lo cual obviamente contestaron que no. Es decir, que Figueroa ya estaba manipulando de nuevo, poniendo en boca de otras personas sus paranoias personales, como si la decisión de poner una queja formal hubiese sido idea de todos cuando no. ¿Sabéis lo que hice acto seguido? Pues me dirigí a la recepción y les pedí que llevasen las toallas de mano. Y punto, asunto solucionado, hay que ver qué cosas ¿verdad, Javi? Mira que depender de mi hasta para las toallas, se te podría haber ocurrido a ti pedirlas en recepción, ¿no? Y encima las llamas “putas”, a ver si cuidamos ese lenguaje que tú eres todo un caballero vasco.

Vale, vamos ahora al tema que pasó el último día en el aeropuerto de Delhi.
Como tenemos unas horas de espera, el grupo decide que el autobús nos lleve a cenar para que la espera no se haga tan larga. Yo en principio les digo que no me gusta la idea ya que eso no está previsto en el plan de viaje, pero finalmente me uno a ellos. A todas estas, la pareja de la discordia me dicen que no van y que a ver donde se pueden quedar de mientras, y que a ver si cuando volvamos vamos a buscarles para así llevarles a facturar. Yo le digo a Figueroa que no, que no me comprometo. Que yo voy con el grupo. Y que quede una cosa clara, y es que yo con esta persona no quedo en que pasaré a buscarla. El que abandona el grupo se supone que es ya mayorcito para encontrarlo luego. Al volver y estar ya haciendo todos cola para facturar en Lufhtansa, nos fijamos que no están y suponemos que ya habrán pasado dentro por su cuenta, como también me hizo en el aeropuerto de Benarés vuelo a Katmandú (causándome un problema al que yo resté importancia en ese momento, por educación). Pero realmente no estaban dentro, sino que llegarían más tarde. Y vaya cómo llegó; como un terremoto escupiendo groserías. Que si estaba hasta los huevos de todos, que qué mierda de viaje era ese… Al parecer y según conseguí entenderle, porque el pobre hombre estaba bastante cardiaco en un descontrolado frenesí, el representante de la agencia local que nos asistía en la partida, había acordado con él que pasaría a buscarle (¡ojo! que no yo, yo no dejo tirado nada ni nadie, y menos a un viajero experimentado, “par dieu!”) Pero sinceramente no creo que hubiesen llegado a dicho acuerdo, y no sólo porque Figueroa no habla palabra de inglés. Y yo, como no discuto con gente baja, simplemente me di la vuelta ofreciéndole una bonita perspectiva de mi espalda. Después de esto él se puso más atrás en la cola, y los comentarios mostrando desaprobación fueron unánimes. Hasta se me acercó uno para decirme que había escuchado los gritos desde bien lejos y que no entendía cómo yo podía ser tan paciente y aguantar esas groserías.

¡Ah! Javier creo que el hecho de que después estuvieseis solos en la sala de embarque mientras el resto esperábamos juntos, charlando, dice bastante de cuál puede ser la opinión generalizada sobre ti, ¿no? Mejor lejos.

Miren, me estoy acordando de otra perla.
Esto acaece en la subida en elefante al fuerte Amber, subida opcional que la agencia proporcionó finalmente sin que se tuviese que pagar nada. Aquí una vez más fuimos sometidos al fuerte acoso de los vendedores, pero al que no le guste que se quede en su casita o se vaya a Benidorm de “vacatas”, porque a esta gente el hambre le hace agudizar el ingenio. Pues bien, Figueroa me contó que después de que le intentarán timar vendiéndole una camiseta, se la devolvió al vendedor pero antes le pegó un buen salivazo (a la camiseta, no al otro). Eso sí que es elegancia.

Hay otra referencia que me hace gracia, y es que la única reunión tuvo que ser convocada por él. Mi idea era no hacer ninguna reunión y no ser demasiado estricto e imponer unas normas rígidas. Al cabo de una semana de viaje en una tarde libre en la que había quedado con varios del grupo, entre ellos Javier y su mujer, para ir de visita juntos, éste me dice que hay personas descontentas y que hay gente que quiere una reunión pero claro que no se atreven a pedirla, y como él es una persona que dice las cosas directas (le encantaba decir esto) pues que eso, que mejor haría yo convocando una reunión para hablar de los supuestos problemas hasta la fecha. Así que soy yo el que convoca esa reunión para el día siguiente a la mañana. Y soy yo el que se asegura que todos se enteren. Y soy yo también el que alucina cuando, después de la reunión, me doy cuenta que realmente nadie se esperaba esa reunión, porque realmente había sido idea de Figueroa y no una demanda generalizada como él me había dicho. El tema: que se sale tarde de los sitios. Antes de nada decir que yo lo que hago es transmitir el horario de salida que me comunica el guía local, que es quien sabe cuál es el más conveniente y a qué hora abren los sitios. Sobre esto último, imaginaos saliendo a las 5 de la mañana para ver una havely y, ¡oh! cielos, pero si está cerrada… queja al Ministerio de cultura indio pero ¡ya!
Asimismo decir también que, cuando la ocasión lo requiere, sí se sale más pronto de lo habitual. El día que visitamos el Taj Majal entramos los primeros de todos: a las seis de la mañana. Y también el día que amanecimos recorriendo el Ganges en barca. Y volviendo al tema general de horarios, muchos viajeros me decían que a ver si podía retrasar un poco algunas salidas, que –irónicamente lo decían, en alusión a Figueroa- me iban a empezar a llover las quejas por salir tan temprano, que estaban de vacaciones y que deseaban volver al trabajo para dormir…

Otro hecho, el día de las cremaciones de Benarés.
El guía local nos dejó bien clarito que nada de fotos. Nada de nada. Y está claro, es de sentido común, además sería de muy mal gusto echar fotos a una pira funeraria con la familia. Pero, cómo no, el especialito tiene que sacar fotos, y encima todavía va enseñándolas a todo el mundo y haciendo la gracia. Además el tipo, que es muy listo, te suelta el sermón de que en esta vida con dinero todo se compra, en referencia a que había dado dinero para que se le permitiese sacar las fotos. Pero lo que él no sabía es que el dinero se lo había dado a un pobre diablo, ajeno completamente al funeral; había dado el dinero a un timador cuyo permiso nada valía, y le podía haber caído una lluvia de palos, en cuyo caso yo hubiese dado un “speech” para pedirle formalmente disculpas por no haberle avisado.

También me gustaría hacer alusión a la capacidad que tiene este gentleman para desenvolverse fuera de casa, fruto todo ello de la experiencia acumulada de viajes inconfesables.
A la llegada a cualquier sitio, tratándose de la tarde libre o día libre, se dirigía siempre a mí para que yo pusiera una hora de quedar y así ir todos juntos en el rato libre. Pero es que dependía para todo de los otros, no se atrevían a ir solos a ningún lado. Y, como he dicho, me lo pedía a mí insistentemente, no se le ocurría, como sería lógico, dirigirse a la gente y proponerlo él.
Debo decir que a mi me parece muy bien ir juntos en esos ratos libres, pero que no quede duda que son libres y que yo no habría estado obligado a fijar horas para concentrar al grupo. Y tampoco yo estoy obligado a llamar los rickshaws y regatearles el precio en estas tardes libres. Y tampoco a encargarme de que cada mañana todo el mundo reciba una llamada de recepción para despertarles. Pero yo encantado, y considero un éxito el buen ambiente y buen rollo, ya que el grupo era una piña y se iba a todos lados juntos, sin perjuicio de que el que prefiriese ir a su aire lo hiciese.

En Jaisalmer, en una de estas tardes libres, nos disgregamos. Se quedo Figueroa con su mujer y otra persona más en una tienda de revelado mientras yo seguía camino lentamente por la única calle comercial desde la plaza donde estaba dicho comercio. Al llegar al restaurante del hotel esa noche Figueroa me monta un espectáculo: se sentía dolido por haberse quedado tirado. Y levantando la voz se dirigía únicamente a mi, yo ¡oh! entero responsable de todo lo que le ocurra. Pero no osó decir nada a nadie más. Ahora me doy cuenta que es en ese momento donde le tenía que haber parado los pies y ponerle las cosas en sitio.

También hacia referencia este buen hombre al hecho de que si uno enferma (levemente se entiende: gripe, gastroenteritis,…) nadie se preocupe.
Mire usted, caballero, no diga eso porque no es verdad. La gente del grupo se preocupa, como pasó con ustedes. Lo que no se puede hacer es ponerte un médico particular. Además si lo que querías decir es que “yo no me preocupé por vosotros”, pues reitero que eso no es verdad, otra vez. Porque os pregunté varias veces que qué tal. Lo que seguro que no se te ocurre pensar es que hacía yo cuando estaba mal, porque uno no es de piedra y, como todos, pues también tuve mi parte. Y yo no podía faltar a ninguna de las visitas, y tenía que estar ahí siempre a pesar de, igual, apetecerme más quedarme descansando un poco después de más de un día sin comer o beber, pero seguro que eso ni lo habías pensado.

Y voy a acabar con una más, aunque la verdad tengo cantidad de ellas que me voy a reservar por no ser malo.
El primer día nos conocimos en el aeropuerto de Loiu y ya me empezaste a dar la murga con que al comprar el viaje no os habían dado una maleta de ruedas Marco Polo. Además os había molestado que en la mesa de al lado sí les estaban dando una. Y todo eso así para desayunar, toma ya colega; a las 6 de la mañana en el aeropuerto y yo aguantando la chapa de un individuo que se me queja por no sé qué maleta que a mi no me va ni me viene, en tanto que yo no tengo competencia alguna sobre dichos temas. Pues bien, sintiéndose discriminados (yo hubiera ido directamente a la oficina del consumidor aludiendo al artículo 72 del Código del Consumidor que prohíbe hacer discriminación alguna en dando maletas y valijas varias), la mujer de Figueroa (como pude saber más tarde) preguntó a la pareja de la otra mesa, en el portal de la agencia, que por qué a ellos les habían dado una maleta, que si habían pagado algo… (esta parte no la sé exactamente, pero más o menos debió ser así) así que subieron a pedir su maletita, y Marco Polo se la dio aunque realmente estas maletas se dan a viajeros de determinados viajes/paquetes, y no en el caso de nuestro viaje India/Nepal.

Para terminar voy a hacer una breve descripción de las funciones de un guía acompañante, especificadas en la ficha técnica que se le facilita a todo viajero.
El guía acompañante no es un guía propiamente dicho, es decir, no va dando explicaciones, sino que realiza funciones de coordinación del grupo, resolución de problemas y vela por el cumplimiento de todas las visitas que el viajero ha contratado. Coordinar el grupo quiere decir que yo marco los horarios de parada, salida al día siguiente, tiempo de visita de un determinado lugar,… normalmente de acuerdo a las indicaciones dadas por los guías locales. También se pone un horario para que, en tiempo libre, el que quiera se una y se va a ver los sitios juntos. También coordinar significa ayudar con el check-in del hotel. Al llegar, a veces después de un viaje largo, es el tour-leader quien tiene que ir a recepción y repartir las llaves. Después pone un horario de quedar y cuando todos se han ido a las habitaciones el tour-leader se queda para informarse bien de horarios, hablar con el representante de la agencia local, entrega de bonos, hablar con el maître para reservar mesa, etc.
Resolver problemas significa que si una maleta se pierde en el avión yo echo una mano en las gestiones para recuperarla. Hablo con la compañía aérea, me pongo serio con ellos, comunico a Madrid… O, si una pareja se pierde (o como lo creí yo por error) soy yo el que se pierde la cena especial preparada para esa noche por estar preocupado, en la habitación, intentando localizarles desde mi móvil ya que el hotel, al tratarse de la India, no dispone de línea telefónica en ese momento. También significa que en los check-out yo estoy en recepción y me encargo de que a un viajero no se le cobre la botella de agua que ha metido de fuera, o que no le cobren por haber perdido la llave, o custodiar los billetes de avión y bus del grupo, o intentar cambiar los billetes de tren de un grupo de 18 personas de 2ª clase, aunque esto último infructuosamente. O comerme yo los marrones de los vendedores que acosan al tour-leader para que les deje subir al autobús y yo negarme, o aguantar tus críticas a otros viajeros al estilo “no entiendo cómo hay gente que viene a la India para bañarse en la piscina del hotel” o “me preocupa seriamente que haya personas que vengan a Nepal para sobrevolar el Everest” (a este viaje fuimos 14 personas de 18). Aguantar tus críticas y no contárselas al aludido ya que eso enturbiaría el buen ambiente reinante. Pero tampoco ahora te voy a decir lo que decían de ti, ni los motes que te habían puesto.

Para acabar, y ahora sí que sí, quisiera pedir a los responsables de estas páginas que se aseguren antes de la veracidad de las informaciones dadas por gente anónima y sobre la que no tienen conocimiento alguno. No es justo que una agencia esté trabajando largo tiempo para prestar unos buenos servicios y que por unas líneas críticas que escriba alguien haya ya otros lectores que decidan no viajar con esa compañía.

Un saludo, Unai.”

NOTA: Aunque esta polémica se está dirimientdo en diversos foros, he puesto el enlace hacia el debate de Los Viajeros porque también me hago partícipe de las palabras del moderador con respecto a la libertad de opinión y la madurez de los lectores a la hora de tomar partido, si es que procede hacerlo.

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